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Odontología: de la edad de oro a la de bronce
Cuando acabé la carrera de medicina, allá por el año 1980, estaba de moda estudiar esta carrera y el “boom” llegó a tal extremo que había más de 20.000 médicos inscritos en el paro. Era fácil encontrar médicos barriendo calles o presentándose a las pruebas de acceso para policías municipales. Muchos optaron por ejercer en el extranjero, donde los países receptores se frotaban las manos al recibir unos buenos profesionales sin haber tenido gasto alguno en su formación. En aquella época existía, por el contrario, un férreo” númerus clausus” para entrar en las Escuelas de Estomatología, siendo un máximo de 190 alumnos los admitidos por curso en la más importante de todas ellas, la de Madrid. Muchos de los cientos de médicos que optaban a esta especialidad tuvieron que marcharse al extranjero para cursarla. Paris, Santo Domingo, Argentina eran, entre otros, sus destinos y otros muchos vieron frustrados sus deseos. Mientras tanto las consultas de los Estomatólogos estaban a rebosar y era difícil conseguir una cita en menos de un mes. Los planes para adecuar el número de profesionales sanitarios a las necesidades del país brillaban, como vemos, por su ausencia.
Tres décadas después sería lógico pensar que este problema habría sido resuelto. Pues nada más lejos de la realidad. El cambio ha sido tan radical que hoy es casi imposible estudiar medicina si no eres un superdotado. Actualmente hacen falta muchos más médicos de los que tenemos y nos vemos obligados a importarlos, con pocas garantías en ocasiones, dejando a miles de estudiantes frustrados como futuros médicos. Con la Odontología el cambio ha sido igual de radical, pero en sentido opuesto, por un lado la invasión de odontólogos extranjeros y por otro la apertura de numerosas facultades públicas y privadas hace que el número de profesionales crezca en mayor medida que la de parados en España, debiendo subemplearse, en el mejor de los casos, en las macroclínicas o en franquicias de diseño industrial, cuando no se ven obligados a buscar empleo fuera de nuestras fronteras. Este es el principal problema que debe afrontar la Odontología en el momento actual si no queremos convertir nuestra profesión en un “sálvese quien pueda” bajo el imperio de la ley de la selva financiera.
Carlos L. García Álvarez
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